Queridos hijos:
Ayer estuve de nuevo en este lugar, que tanto significa para nosotros como familia. No dejó de ser curioso que fuera allí en la Festividad de San Joaquín y Santa Ana, los padres de la Santísima Virgen, y abuelos por tanto de Dios.
No dejé de poner a los pies de la Virgen todas vuestras necesidades espirituales y temporales. Sé que ella escuchará estas cosas. Y pedí también que vuestros abuelos, que ahora por distintas dificultades y obstáculos, no pueden veros, puedan estar con vosotros de nuevo y que vosotros podáis gozar de vuestros abuelos y de todas sus memorias, que son también vuestras. Porque esas memorias guardadas durante generaciones sobre todo en el corazón y las charlas de los abuelos también os pertenece.
Entretanto mis oraciones y mis plegarias quedaron en Fátima, donde nuestra familia nació, si se puede decir así. En realidad, y algún día os lo explicaré, sois todos un poco portugueses. Portugueses espirituales desde luego, pero de raigambre también.
Pero eso os lo contaré cuando un día que nos podamos comer un poquito de bacalhau e lulas … con um vinho verde.
Fui a Fátima fundamentalmente por vosotros. Que la Virgen allane nuestros caminos para que todos nos reencontremos en mejores situación que la que actualmente estamos viviendo.
¡Menos mal que nos queda Portugal … digo Fátima!
Muchos besos y un fuerte abrazo para todos y cada uno de vosotros.
Os quiere,
Papá
sábado, 28 de julio de 2007
miércoles, 25 de julio de 2007
Recuerdos de mis hijos (03)
Querido J:
Recuerdo cuando fuiste concebido. Tu madre estaba un poco preocupada. La verdad es que estábamos económicamente un poco apurados, y ella tenía miedo. No sabía cómo comunicármelo. Me lo dijo con una combinación de asombro, miedo y entusiasmo. No te puedes imaginar lo muy alegre que todo esto me hizo cuando lo supe. Le di un abrazo y un beso a tu madre. Era feliz. La noticia de tu concepción me llenó de alegría.
Dicen que los niños vienen con un pan debajo del brazo. Y a fe que tú lo fuiste. Las cosas empezaron a ir económicamente un poco mejor al poco de que tú fueras concebido.
Nunca me arrepentí de teneros a vosotros tres en tan corto espacio de tiempo. De hecho, si Dios hubiera querido, hubiera tenido más.
Te bendije entonces y te he bendecido siempre. También te bendigo ahora.
Un beso y un abrazo muy fuerte, hijo mío,
Papá
Recuerdo cuando fuiste concebido. Tu madre estaba un poco preocupada. La verdad es que estábamos económicamente un poco apurados, y ella tenía miedo. No sabía cómo comunicármelo. Me lo dijo con una combinación de asombro, miedo y entusiasmo. No te puedes imaginar lo muy alegre que todo esto me hizo cuando lo supe. Le di un abrazo y un beso a tu madre. Era feliz. La noticia de tu concepción me llenó de alegría.
Dicen que los niños vienen con un pan debajo del brazo. Y a fe que tú lo fuiste. Las cosas empezaron a ir económicamente un poco mejor al poco de que tú fueras concebido.
Nunca me arrepentí de teneros a vosotros tres en tan corto espacio de tiempo. De hecho, si Dios hubiera querido, hubiera tenido más.
Te bendije entonces y te he bendecido siempre. También te bendigo ahora.
Un beso y un abrazo muy fuerte, hijo mío,
Papá
martes, 24 de julio de 2007
Recuerdos de mis hijos (02)
Querido Y:
Cuando eras pequeño eras un pequeño gigante. Fuiste ya grande al nacer. ¡Y qué carácter tenías! Te recuerdo con 9-10 meses, sentado en tu sillita, alrededor de la mesa. A veces te decía “no” o te reñía. Cosa que no hiciera, porque tú –hijo mío- enseguida respondías “aahhh”, pero no de cualquier manera, sino con mala leche. En una palabra: contestándome. Eras absolutamente terrible. ¡Con qué fuerza, y con qué mala leche, contestabas! Yo me veía obligado a ponerte mala cara, porque tampoco era plan de aprobar o tolerar semejante conducta.
Luego, a solas, tu madre y yo nos reíamos y ella me contaba otras tantas trastadas que tú habías hecho durante el día … ¡y lo mal que le contestabas a ella también!
Este recuerdo todavía me hace sonreír a día de hoy.
Hoy me desperté de madrugada con una pesadilla, soñando que me llamabas y que tus grandes ojos azules estaban llenos de lágrimas. Pero eso, que volvió a calar sobre mi insomnio, es otra historia. Me quedo con el otro recuerdo, el que te he escrito hoy.
Si pudiera te daría un beso y un abrazo, hijo mío.
Y te bendigo,
Papá
Cuando eras pequeño eras un pequeño gigante. Fuiste ya grande al nacer. ¡Y qué carácter tenías! Te recuerdo con 9-10 meses, sentado en tu sillita, alrededor de la mesa. A veces te decía “no” o te reñía. Cosa que no hiciera, porque tú –hijo mío- enseguida respondías “aahhh”, pero no de cualquier manera, sino con mala leche. En una palabra: contestándome. Eras absolutamente terrible. ¡Con qué fuerza, y con qué mala leche, contestabas! Yo me veía obligado a ponerte mala cara, porque tampoco era plan de aprobar o tolerar semejante conducta.
Luego, a solas, tu madre y yo nos reíamos y ella me contaba otras tantas trastadas que tú habías hecho durante el día … ¡y lo mal que le contestabas a ella también!
Este recuerdo todavía me hace sonreír a día de hoy.
Hoy me desperté de madrugada con una pesadilla, soñando que me llamabas y que tus grandes ojos azules estaban llenos de lágrimas. Pero eso, que volvió a calar sobre mi insomnio, es otra historia. Me quedo con el otro recuerdo, el que te he escrito hoy.
Si pudiera te daría un beso y un abrazo, hijo mío.
Y te bendigo,
Papá
sábado, 21 de julio de 2007
Recuerdos de mis hijos (01)
Querida I:
Cuando eras pequeñita te encantaba Dumbo. Ya sé que apenas te acuerdas de ello. Te encantaba que te repitiera este cuento una y otra vez. Te encantaba que me echara contigo en la cama, a tu lado, y que te contara este cuento. Te lo sabías tan bien que repetías conmigo las palabras. Si decía algo que no era “correcto”, enseguida respondías con un “noooooooooo” cuyo timbre todavía resuena en mis oídos. Me encantaba cómo lo decías.
El primer día que viste la película de Dumbo te excitaste tanto que tus piernecitas no paraban de moverse. ¡Qué recuerdo más bonito!
Te echo de menos, hija mía.
Un beso y bendiciones de tu padre,
Papá
Cuando eras pequeñita te encantaba Dumbo. Ya sé que apenas te acuerdas de ello. Te encantaba que te repitiera este cuento una y otra vez. Te encantaba que me echara contigo en la cama, a tu lado, y que te contara este cuento. Te lo sabías tan bien que repetías conmigo las palabras. Si decía algo que no era “correcto”, enseguida respondías con un “noooooooooo” cuyo timbre todavía resuena en mis oídos. Me encantaba cómo lo decías.
El primer día que viste la película de Dumbo te excitaste tanto que tus piernecitas no paraban de moverse. ¡Qué recuerdo más bonito!
Te echo de menos, hija mía.
Un beso y bendiciones de tu padre,
Papá
jueves, 19 de julio de 2007
Una poesía de vosotros hacia mí (y que me autodedico)
Queridos hijos:
Cuando leí esta poesía no pude evitar que las lágrimas me vinieran a los ojos.
Es verdad, a menudo me asalta la tentación de abandonar. Mi vida es ... bueno ... no es muy buena sin vosotros que digamos. Ya hablaremos de esto cuando llegue el momento.
Eso os quería decir. Ahora estoy metido en una batalla legal horrorosa. No es contra vosotros. Ni siquiera contra mamá. Es por vosotros por lo que lucho.
Os dejo con la poesía de Julio Bronchal Camba. En su momento, cuando seáis mayores, hablaremos de esta poesía.
Y os quiero mucho, hijos míos. No me harto de decíroslo.
Vuestro padre
PAPÁ EN LUCHA
(A todos los padres que luchan por sus hijos)
Padre que estás sufriendo por amor a tus hijos:
¡¡Lucha!!
Yo te entiendo mejor que nadie,
entiendo tu desaliento,
tu desesperanza,
tu soledad, tu hastío,
pero te pido que luches.
Te pido que no abandones.
Lucha. Lucha. Lucha.
Cuando con buena intención
te digan los demás que abandones,
que te vas a destrozar,
que la tuya, la mía, la nuestra,
es una causa perdida,
que la incomprensión te va a destruir,
que te olvides de todo e inicies una vida nueva,
te pido que luches.
Cuando te digan que tengas paciencia
que te acostumbres a la injusticia,
te pido que luches.
Cuando te propongan resignación
Lucha, lucha, lucha.
Cuando te cruces por la calle
con un niño de la edad de tu hijo,
con una niña de la edad de tu hija,
y en cualquier niño reconozcas a tu hijo
y en cualquier niña reconozcas a tu hija
comprendo que aprietes los dientes,
comprendo que frunzas el ceño
para no ceder ante las lágrimas,
pero te pido que luches.
Cuando despiertes entre sollozos
soñando que tus hijos te piden verte
y tú no sabes, para no hacerles daño,
cómo explicarles la verdad,
cómo decirles que el egoísmo
y la irracionalidad os separan,
te pido que luches, que no claudiques.
Cuando te sientas pequeño, minúsculo,
ante el gigante y viscoso muro negro
de la indiferencia oficial,
de la gris burocracia,
Lucha, lucha, lucha.
Cuando compruebes amargamente que te mintieron,
que te engañaron al hablarte de igualdad ante la ley,
de la presunción de inocencia,
y sufras la humillación de estar siempre bajo sospecha,
de tener que probar continuamente tu inocencia
ante los prejuicios, las mentiras,
las injurias y las calumnias,
Te vuelvo a pedir que luches,
Te pido que levantes la cabeza altivo y luches,
que defiendas la dignidad de tu paternidad,
porque defendiéndola defiendes a tus hijos.
Te pido que pienses para tu lucha,
Te pido que trabajes para tu lucha.
Lucha de pie,
Lucha arrodillado,
Lucha gritando, exigiendo,
rogando, suplicando.
Lucha. Lucha. Lucha.
Defiende tu dignidad de padre.
Un día, cada vez más cercano,
tus hijos sabrán reconocer tu esfuerzo
y te devolverán con amor
los jirones de tu alma rota
que has ido dejando
por los caminos de la injusticia.
Lucha, lucha, lucha.
Porque tú eres el único que va a defender
el derecho de tus hijos a tenerte.
Eres el único defensor de su derecho.
Tus hijos se merecen un padre como tú,
Tú siempre serás su padre.
Tú eres único para ellos,
debes luchar para que nadie los deje sin ti.
Debes luchar, sin desánimo,
hasta tu último aliento,
hasta la última lágrima,
para que tus hijos no pasen nunca
por donde tú estás pasando.
Para que ellos nunca sufran
lo que tú estás sufriendo.
Para que tus hijos nunca penen,
lo que tú estás penando,
por el único delito
de amarlos tanto.
Cuando leí esta poesía no pude evitar que las lágrimas me vinieran a los ojos.
Es verdad, a menudo me asalta la tentación de abandonar. Mi vida es ... bueno ... no es muy buena sin vosotros que digamos. Ya hablaremos de esto cuando llegue el momento.
Eso os quería decir. Ahora estoy metido en una batalla legal horrorosa. No es contra vosotros. Ni siquiera contra mamá. Es por vosotros por lo que lucho.
Os dejo con la poesía de Julio Bronchal Camba. En su momento, cuando seáis mayores, hablaremos de esta poesía.
Y os quiero mucho, hijos míos. No me harto de decíroslo.
Vuestro padre
PAPÁ EN LUCHA
(A todos los padres que luchan por sus hijos)
Padre que estás sufriendo por amor a tus hijos:
¡¡Lucha!!
Yo te entiendo mejor que nadie,
entiendo tu desaliento,
tu desesperanza,
tu soledad, tu hastío,
pero te pido que luches.
Te pido que no abandones.
Lucha. Lucha. Lucha.
Cuando con buena intención
te digan los demás que abandones,
que te vas a destrozar,
que la tuya, la mía, la nuestra,
es una causa perdida,
que la incomprensión te va a destruir,
que te olvides de todo e inicies una vida nueva,
te pido que luches.
Cuando te digan que tengas paciencia
que te acostumbres a la injusticia,
te pido que luches.
Cuando te propongan resignación
Lucha, lucha, lucha.
Cuando te cruces por la calle
con un niño de la edad de tu hijo,
con una niña de la edad de tu hija,
y en cualquier niño reconozcas a tu hijo
y en cualquier niña reconozcas a tu hija
comprendo que aprietes los dientes,
comprendo que frunzas el ceño
para no ceder ante las lágrimas,
pero te pido que luches.
Cuando despiertes entre sollozos
soñando que tus hijos te piden verte
y tú no sabes, para no hacerles daño,
cómo explicarles la verdad,
cómo decirles que el egoísmo
y la irracionalidad os separan,
te pido que luches, que no claudiques.
Cuando te sientas pequeño, minúsculo,
ante el gigante y viscoso muro negro
de la indiferencia oficial,
de la gris burocracia,
Lucha, lucha, lucha.
Cuando compruebes amargamente que te mintieron,
que te engañaron al hablarte de igualdad ante la ley,
de la presunción de inocencia,
y sufras la humillación de estar siempre bajo sospecha,
de tener que probar continuamente tu inocencia
ante los prejuicios, las mentiras,
las injurias y las calumnias,
Te vuelvo a pedir que luches,
Te pido que levantes la cabeza altivo y luches,
que defiendas la dignidad de tu paternidad,
porque defendiéndola defiendes a tus hijos.
Te pido que pienses para tu lucha,
Te pido que trabajes para tu lucha.
Lucha de pie,
Lucha arrodillado,
Lucha gritando, exigiendo,
rogando, suplicando.
Lucha. Lucha. Lucha.
Defiende tu dignidad de padre.
Un día, cada vez más cercano,
tus hijos sabrán reconocer tu esfuerzo
y te devolverán con amor
los jirones de tu alma rota
que has ido dejando
por los caminos de la injusticia.
Lucha, lucha, lucha.
Porque tú eres el único que va a defender
el derecho de tus hijos a tenerte.
Eres el único defensor de su derecho.
Tus hijos se merecen un padre como tú,
Tú siempre serás su padre.
Tú eres único para ellos,
debes luchar para que nadie los deje sin ti.
Debes luchar, sin desánimo,
hasta tu último aliento,
hasta la última lágrima,
para que tus hijos no pasen nunca
por donde tú estás pasando.
Para que ellos nunca sufran
lo que tú estás sufriendo.
Para que tus hijos nunca penen,
lo que tú estás penando,
por el único delito
de amarlos tanto.
Vuestras fotos
Queridos hijos:
Encima de mi mesa de trabajo en casa tengo una foto vuestra. En mi despacho de trabajo tengo también otra foto vuestra. En el salón, donde como con el único comensal de la soledad, hay una foto vuestra que me acompaña. En el portátil y el fijo, en ambos, el salvapantalla son dos fotos vuestras.
¿Estoy loco? Quizás, pero no lo creo. En todos estos meses, años, de no poder veros, de dificultades para veros, me quedan los recuerdos de los pocos ratos que hemos estado juntos … y unas cuantas fotos. ¿Cómo no voy a tenerlas conmigo?
Me dice un amigo que también estuvo en una situación parecida a la mía que ser padre es amar a los hijos … en cualesquiera condiciones. O sea, que si todo lo que puedo es veros una vez cada dos meses, y con dificultad, y hago eso y me preocupo por vosotros y os mando dinero, etc., entonces os amo. Claro. Es, además, un abordaje realista del problema.
Ahora bien soy humano, y necesito estar encarnado para amar. Necesito veros, necesito sentiros a mi lado, necesito oír como respiráis cuando me voy a la cama por la noche, necesito ayudaros a levantaros cuando os caéis, necesito abrazaros cuando lloráis, necesito hasta cortaros el filete de carne en trocitos pequeñitos como sé que os gusta a vosotros, necesito hablaros y escucharos, necesito ...
Sin todo eso, y amándoos como os amo, sigo siendo un padre huérfano. Eso sí: también ese sufrimiento se lo ofrezco a Cristo en la Cruz por vosotros. ¡Y no sabéis lo que cuesta hacer ese ofrecimiento!
Os bendigo siempre,
Papá
Encima de mi mesa de trabajo en casa tengo una foto vuestra. En mi despacho de trabajo tengo también otra foto vuestra. En el salón, donde como con el único comensal de la soledad, hay una foto vuestra que me acompaña. En el portátil y el fijo, en ambos, el salvapantalla son dos fotos vuestras.
¿Estoy loco? Quizás, pero no lo creo. En todos estos meses, años, de no poder veros, de dificultades para veros, me quedan los recuerdos de los pocos ratos que hemos estado juntos … y unas cuantas fotos. ¿Cómo no voy a tenerlas conmigo?
Me dice un amigo que también estuvo en una situación parecida a la mía que ser padre es amar a los hijos … en cualesquiera condiciones. O sea, que si todo lo que puedo es veros una vez cada dos meses, y con dificultad, y hago eso y me preocupo por vosotros y os mando dinero, etc., entonces os amo. Claro. Es, además, un abordaje realista del problema.
Ahora bien soy humano, y necesito estar encarnado para amar. Necesito veros, necesito sentiros a mi lado, necesito oír como respiráis cuando me voy a la cama por la noche, necesito ayudaros a levantaros cuando os caéis, necesito abrazaros cuando lloráis, necesito hasta cortaros el filete de carne en trocitos pequeñitos como sé que os gusta a vosotros, necesito hablaros y escucharos, necesito ...
Sin todo eso, y amándoos como os amo, sigo siendo un padre huérfano. Eso sí: también ese sufrimiento se lo ofrezco a Cristo en la Cruz por vosotros. ¡Y no sabéis lo que cuesta hacer ese ofrecimiento!
Os bendigo siempre,
Papá
viernes, 13 de julio de 2007
Vuestra abuela
Queridos hijos:
Es una mujer fuerte, de esas mujeres fuertes de las que habla la Biblia. No os hacéis imaginación de cuánto os quiere. Ni os hacéis imaginación de lo mucho que ella, y vuestro abuelo, también os echan de menos.
Tiene mano izquierda. Y sabe estar. Creo que son dos de sus mejores virtudes. A menudo veo que está mirando fotos vuestras mientras una lágrima también por su mejilla ya arrugada por los años.
Reza todos los días por vosotros. Y os tiene en su corazón. También ella os ama, hijos míos.
Es verdad que no tenéis a vuestro padre y a vuestros abuelos cerca. Pero todos nosotros también os amamos. Seréis un poco “huérfanos” de presencia nuestra, pero no sois huérfanos de amor. Sois amados y, si me permitís, muy amados y muy queridos.
Os bendigo y también vuestros abuelos os bendicen,
Papá
Es una mujer fuerte, de esas mujeres fuertes de las que habla la Biblia. No os hacéis imaginación de cuánto os quiere. Ni os hacéis imaginación de lo mucho que ella, y vuestro abuelo, también os echan de menos.
Tiene mano izquierda. Y sabe estar. Creo que son dos de sus mejores virtudes. A menudo veo que está mirando fotos vuestras mientras una lágrima también por su mejilla ya arrugada por los años.
Reza todos los días por vosotros. Y os tiene en su corazón. También ella os ama, hijos míos.
Es verdad que no tenéis a vuestro padre y a vuestros abuelos cerca. Pero todos nosotros también os amamos. Seréis un poco “huérfanos” de presencia nuestra, pero no sois huérfanos de amor. Sois amados y, si me permitís, muy amados y muy queridos.
Os bendigo y también vuestros abuelos os bendicen,
Papá
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