viernes, 13 de julio de 2007

Vuestra abuela

Queridos hijos:

Es una mujer fuerte, de esas mujeres fuertes de las que habla la Biblia. No os hacéis imaginación de cuánto os quiere. Ni os hacéis imaginación de lo mucho que ella, y vuestro abuelo, también os echan de menos.
Tiene mano izquierda. Y sabe estar. Creo que son dos de sus mejores virtudes. A menudo veo que está mirando fotos vuestras mientras una lágrima también por su mejilla ya arrugada por los años.
Reza todos los días por vosotros. Y os tiene en su corazón. También ella os ama, hijos míos.
Es verdad que no tenéis a vuestro padre y a vuestros abuelos cerca. Pero todos nosotros también os amamos. Seréis un poco “huérfanos” de presencia nuestra, pero no sois huérfanos de amor. Sois amados y, si me permitís, muy amados y muy queridos.
Os bendigo y también vuestros abuelos os bendicen,

Papá

miércoles, 11 de julio de 2007

Estoy roto

Queridos hijos:

Uno de esos difíciles días sin vosotros. Muy difícil, para seros sincero. Me siento roto por dentro.
En fin, espero que todo este sufrimiento tenga algún sentido y sea para algo. Aunque yo ahora no entienda nada de nada.
Ruego por vosotros sin cesar.
Os quiere mucho,

Papá

martes, 10 de julio de 2007

Reflexiones teológicas

Queridos hijos:

Si negase estar abrumado por la circunstancia vital que estáis viviendo, con una familia rota y apartados de vuestro padre, más todo el divorcio tan duro que estamos pasando vuestra madre y yo, mentiría.
Empero un buen Sacerdote amigo mío me hacía reflexionar ayer sobre una serie de puntos:
a) sería blasfemo decir que Dios quiere todo lo que estáis pasando, pero no es menos cierto que Dios lo permite (y la voluntad permisiva de Dios también hay que tenerla en cuenta)
b) si Dios lo permite es porque de un modo u otro Él sacará un bien mayor de todo esto
c) Dios os quiere mucho más de lo que incluso vuestro padre (o vuestra madre), pobres criaturas mortales, os quieren
d) Dios se ocupa de vosotros. Y San José, al cual tantas veces imploro que os adopte en mi ausencia, también
De todo ello se infiere que aunque humanamente todo está perdido, o parece estarlo, no lo está. Lo que es imposible para los hombres para Dios no lo es. A pesar de todo estáis mejor cuidados de lo que yo pudiera pensar.
Todo lo cual no me quita un ápice de dolor, pero al menos me da un punto de paz del que en este momento carezco.
Os bendigo y pido que la Santísima Virgen –a la cual estáis consagrados- os proteja siempre,

Papá

lunes, 9 de julio de 2007

¿Qué quedó de aquel Sacramento?

Queridos hijos:

A menudo me pregunto qué quedó de aquel Sacramento entre vuestra madre y yo. Sigo pensando que la unión sacramental es algo profundísimo que las palabras humanas no pueden alcanzar a explicar porque esta unión viene de Dios.
A estas alturas ya no lo sé.
Siento, hijos míos, ¡y no sabéis cuánto lo siento!, que no recé quizás lo suficiente y no imploré a Dios Nuestro Señor el hacer efectivas y eficientes las Gracias que ese Sacramento tiene prometidas cuando las cosas iban mal en nuestro matrimonio. Y de eso, hijos míos sí que me culpo. No supe –desde este punto de vista- ser un buen marido. Recé, sí, pero quizás no lo suficiente.
Ahora hay una anulación pendiente. Dios dirá.
Siento que he fallado como marido por no haber intercedido más ante Dios por vuestra madre y por vosotros. Estoy convencido de que para ser un buen padre hay que ser un buen marido primeramente. Por esto, por no haber utilizado más los medios sobrenaturales, os pido perdón, hijos míos. Hubiera querido siempre que vuestra infancia fuese una infancia feliz en compañía de vuestros padres.
Es más, aunque sé que en el plano humano tenía razón (y ya os mostraré a su debido momento la evidencia de ello), el no haber sobrenaturalizado suficientemente mis problemas hizo, o es posible que hiciera, que nuestro matrimonio saltara por los aires. Aunque mamá haya podido tener su parte de culpa directa en todo ello yo era el cabeza de familia y, por tanto, responsable indirecto.
Creo que ya no hay mucho que hacer. El dolor me acompaña de continuo y no me lo puedo sacar de encima. Pienso que es una justa penitencia que así sea.
Nada puedo hacer por revertir y cambiar el pasado. ¡Ojalá pudiera! Ahora sí que rezo un poco más por vosotros. Al menos que siga rezando para que Dios supla en todo lo que yo os falto.
Soy yo quien os pide perdón ahora por no haber hecho toda la oración, el ayuno y el sacrificio que debí hacer para intentar salvar nuestra familia. Espero que me perdonéis y, sobre todo, que Dios me perdone.
Un beso y un abrazo muy fuerte, hijos míos,

Papá

Con criminales

Queridos hijos:

En esta última visita a Francia he tenido que sufrir la compañía de gentes con la que no hubiera querido verme mezclado. En el centro donde, digámoslo claro: gracias a las falsas denuncias de vuestra madre hacia mí, tengo que veros me encontré con otros padres (y madres) quienes tenemos que ver a los hijos en estas condiciones tan horrorosas para quienes no somos culpables de nada.
Ver a hombres con tatuajes propios de ex-presidiarios, a alguno con heridas por arma blanca en la cara o a otro con heridas de bala en el brazo no me hizo ninguna gracia. Pero mucho menos me lo hizo, hijos míos, que vosotros tengáis que exponeros a una situación así. Espero, quiero pensar, que no os disteis mucha cuenta de esto. Pero tampoco me gusta, siquiera, que tengáis que exponeros visualmente a estas cosas. Ya tuvisteis mucho que ver con el hecho de un padre comportándose mal con su compañera o ex mujer, y os quedasteis mirando aquellos dos pobres niños llorar desconsoladamente. Me partía el alma.
Me partió el alma la niña S, que se acercó a vosotros para jugar, escapando un poco de sus padres. Me sorprendió que una criatura con 6 años pudiera haber desarrollado estas estrategias de supervivencia. Pero yo os garantizo que ni vuestro padre ni vuestra madre han hecho este tipo de cosas. Mamá se ha equivocado grandemente al acusarme falsamente de lo que me ha acusado, pero no me cabe la menor duda de que os quiere mucho y está dispuesta a ir al fin del mundo por vosotros. No sé si ella es consciente de las consecuencias de sus actos. A menudo pienso que no, o no del todo. Pero vuestra madre os quiere. Y yo también os quiero.
Cuando seáis mayores y podáis mirar en retrospectiva estas cosas, tened en cuenta estas líneas, todavía escritas con estas vivencias martilleándome el alma.
Hay compañías que no me gustan. Y no me gustan porque algunas de estas compañías son contrarias a la práctica de la virtud, que tanto os intento inculcar. “A fuerza de verlo todo acaba uno por acostumbrarse a todo”, decía San Agustín. Pues eso, que hay cosas a las que de ninguna manera quiero ni que os acostumbréis ni que empecéis a verlas como normales.
Os quiere muchísimo y os bendice una vez más,

vuestro padre

jueves, 5 de julio de 2007

También es vuestro pueblo

Queridos hijos:

En mi última visita al pueblo del que soy –somos- oriundos pensaba y repensaba mis sensaciones, los olores, los sabores, los pensamientos y recuerdos que todo aquello evocaba. Cada vez que regreso a mis raíces me encuentro bien. Me encuentro mejor. Hasta el dolor por no teneros cerca amaina un poco. Es algo difícil de explicar, pero allá siento que estoy en mi sitio, entre los míos.
Me encanta el poder volver a montar a caballo, el pensar en volver a salir de caza, el estar con los míos (que son los vuestros) y donde os puedo garantizar que siempre tendréis acomodo porque sois los únicos miembros de la familia con los que ellos no tienen contacto, pero os tienen en sus corazones y en sus pensamientos. Puedo aseverarlo de veras y lo hago con la boca llena gloriándome, y dando gracias a Dios, por la familia que tengo, es decir, por la familia que tenéis.
Me gustaría enseñaros esta comarca de la que soy, de la que somos. Los rincones. Nuestros rincones. Mostraros aquellos rincones donde pescar bien, aquellos donde podría enseñaros a montar en moto ... Aquellos sitios que son buenos para pensar. Los muchos –y buenos- lugares para poder comer bien. Enseñaros mi pasado, vuestro pasado, que está indisolublemente ligado a aquellas tierras. Mis partidos de fútbol, mis galopadas en bicicleta de niño. Volver a jugar con vosotros al fútbol y volver a montar en bicicleta juntos. Al volver allí soy yo de nuevo, se cierra el círculo de mi vida. Pero para que halla “completez” me faltáis vosotros.
Pero ese sitio, vuestros genes, vuestra familia paterna, vuestros familiares, el pasado directo de vuestro padre y abuelos es, también, vuestro pueblo. Habremos de recorrerlo y explorarlo algún día.
Que la Santísima Virgen os proteja siempre y que San José supla la falta de paternidad que ahora tenéis como solo él puede hacerlo.
Os quiere muchísimo,

Papá

Ganas de estar con vosotros

Queridos hijos:

Otra semana que ha pasado rapidísimo con viajes varios, problemas con el coche, visitas de vuestras tías L e I –desde las Españas argentinas, burocracia a go-gó, etc.
Bueno, pues sigo pensando en vosotros. En todo momento, en todo tiempo y en todo lugar.
Y ahora, si Dios quiere, nos veremos ya el próximo sábado. ¡Qué ganas tengo de estar con vosotros!
Un beso para todos vosotros. Mis bendiciones.

Papá